Te voy a contar que quise vivir tanto que me estaba muriendo.
Entonces el revuelo del humo se hizo telón de fondo y se nos perdió el mando de la tele,
me negué a hundirme tantas veces que de la noche a la mañana estaba buceando yo solo.
Y si esas noches tuvieran venas, habrían rebosado en concreto por todos los poros.
Yo necesitaba humo, grasas saturadas en una bandeja de plástico encima de la cama,
quizás un par de fotos para guardar el momento y volar por encima y por debajo del trozo de cielo
que se intuye desde la ventana, un par de acordes mal puestos, un escondite dentro de una habitación vacía, por eso de los monstruos, un par de ojos entornando no se qué historias y poco más.
Cuando los dedos no responden y sienten más que padecen, y escriben mal a posta y se enredan
en los pelos de la almohada,.....
Ya sonó el RING del microondas.
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