Si el sol fuera a decirnos alguna puta cosa,
desde luego lo hizo desde
tu jodida y preciosa cara.
Le puedo preguntar a más de uno y de dos que asentirían
hasta las manos del cólico de la droga que vas soltando a cada paso.
Es un problema eso.
No soy quien, ni cuando, ni como actuar de sombra delante tuya,
o al lado o detrás.
No me veo portador de ese derecho,
ni del lado izquierdo de tu cuerpo, mucho menos de frente.
Rumiando hacer el tonto y no me gana nadie,
si la última vez que me enamoré fue en verso
y llevaba un gramo para cada línea en el bolsillo.
Y acabé por contar lo mismo de siempre.
Me queman los pies del fuego que no hay en el suelo,
el que se te subió a la cabeza.
Tengo las manos recién manchadas de miedo,
de saber lo que viene después,
de conocer diez mil asquerosas maneras de salir volando del volcán en erupción,
y ni una buena.
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