El gruñir de los aires acondicionados...

Como me dolían los pies y no eran las zapatillas, era el suelo.. El típico suelo de Sevilla
a las 16:12 de la tarde con un sol que asfixia, que se clava y deja recovecos donde se acumula el fuego y eso quema...
Buscaba los edificios o la sombra de los árboles que daban la vida, transformada por un instante en unas décimas menos que lo que marca el reloj de aquella plaza unos segundos después de dar las 16:15.
Encendí un cigarro casi con las mismas ganas que lo tiré al par de caladas, era como darle de comer carbón al faquir. De éstas cosas que no piensas, esas que le salen a todo el mundo que anda distraido. Encima no llevaba los cascos, y tenía la amarga sensación de que tendría que escuchar las historias de los demás en el bus de línea, esas entre dos señoras de edad, de que si los hijos bien, el trabajo fatal, y todo lo demás que ya se sabe.
Que soy una flor fuera de su florero no es nada nuevo, ni nada que no me haya cuestionado antes en multitud de ocasiones, pero es en días como hoy cuando me doy cuenta de que verdaderamente soy el personaje que sobraba en el cuento, pintura que desentona en el lienzo, que mejor fuera de las cuatro esquinas del marco.
Y si en otro lugar si? Y si verdaderamente depende del punto del mapa?
A lo mejor solo es el sol que me derrite la tapa de los sesos...
Quizás algún día llame al artista, para que vuelva a mojar los pinceles..

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