Y ahora solo sé que te odio tan to que mataría por tenerte en frente unos segundos, y mirarte, y que no desaparezcas nunca más de la imagen de mis retinas, que ni siquiera tengas que moverte, solo para echarte el pelo a un lado, y que ese movimiento suponga el viaje más largo de mi vida. Que si no lo comprendes me da igual. Que yo tampoco y vivo congelado.
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